La revolución de las redes sociales

No hace mucho tiempo que eso de los amigos virtuales sonaba a ciencia-ficción, y que a nadie más que a tres frikis descerebrados se les ocurriría hacer amistad y compartir intimidades con gente a la que no habías visto en tu vida. No sé si éramos más desconfiados o quizá más cautos, pero el caso es que el círculo de amigos y conocidos pocas veces iba más allá del lugar donde solíamos vivir.

Pero ahora todo eso ha quedado en el olvido. Se inventaron las redes sociales y todo se revolucionó. De repente, los "te gusta" y los "te sigo" empezaron a formar parte de nuestras vidas, a veces de manera imprescindible, y se convirtieron en una parte muy importante de ésta; tener seguidores, conocer gente, compartir intereses... ya no se limita a un par de kilómetros fuera de nuestro hogar, sino que puedes estar sentado en el salón de tu casa hablando con gente que está en el otro lado del mundo, y conocerlo mejor que a tu vecino de al lado.



Desde luego, para hacer amigos y para la gente sociable, fue la revolución de un siglo que apenas comenzaba, y todos nos apuntamos a ella. De hecho, tuvo tanto éxito, que no sólo nos apuntamos, sino que acogimos a las redes sociales como un miembro más de nuestra familia, y le abrimos los brazos me temo que para no volver a dejarlas escapar. No se sabe si realmente esto está aquí para quedarse o es una moda que finalmente pasará, pero por de pronto todos hemos adaptado nuestro modo de vida a ella, así que por ahora se mantiene.

¿Y esto es un problema? En principio, no tiene por qué serlo, si todos hiciéramos un uso responsable y solidario de ello. Pero como todo lo que circula por internet, se necesita un mínimo de seguridad y también, por qué no decirlo, de inteligencia,  para que toda esta cantidad de información personal que compartimos no se vuelva en contra de nosotros. Conocemos por desgracia muchas noticias de casos graves donde las redes sociales se han convertido en el medio para cometer delitos, pero sin echar mano de los extremos, está claro que no somos del todo conscientes de los peligros que corremos al tener una activa vida social online. Pensamos que nuestro anonimato, nuestra confianza en los demás, o el hacernos perfiles privados ayuda a nuestra seguridad, pero no siempre es así.

Por eso, son tan importantes los sistemas de cifrado, y desde este blog, daremos ejemplos prácticos de lo que no se debe hacer para que en realidad funcionen estas medidas de seguridad. Porque tengámoslo todos en cuenta: si actuamos como descerebrados confiando en nuestra buena fortuna, o en las buenas intenciones de todo el que pulula por el ciberespacio, no habrá ningún sistema que nos libre del desastre.